martes, 4 de marzo de 2014

Filloas

La filloa es una preparación típica gallega. Se suelen preparar durante el invierno pero generalmente se considera que los Carnavales (Entroido) es la época ideal para hacerlas. Es tan versátil que puede servirse como postre o bien ser un alimento salado por sí mismo o acompañando a otros ingredientes.

Es un alimento básico que consta de harina, huevos, y normalmente agua, pero también se pueden hacer con caldo o en algunos sitios con la sangre de la matanza. A veces puede llevar un chorrito de leche.

Aunque tienen la misma forma, las filloas no tienen nada que ver con los crêpes franceses.  Estos últimos se elaboran con mantequilla y leche, suelen ser algo más gruesos y generalmente se sirven rellenos.

Según la zona, priman las filloas dulces o saladas. Servidas como postre, se pueden rellenar con miel o simplemente espolvorearlas con azúcar y canela. Las saladas, aunque tradicionalmente se comen solas, también pueden rellenarse con productos típicos de la matanza, desde chorizos (como el talo vasco) hasta chicharrones (torriscos o rixós).

En la zona de mis padres, las filloas se han hecho siempre saladas y salvo excepciones, para comer solas. Mi madre cuenta que en su niñez ni siquiera utilizaban huevos, tan solo harina y agua. Era pues, un alimento asequible para todos en épocas de más carestía y penuria que ahora.  

La filloa á pedra se elaboraba sobre una piedra plana y caliente. También se pueden utilizar las  filloeiras, planchas de hierro fundido que suelen tener dos o más círculos para hacer varias filloas a la vez, y si no hay más remedio, la más actual y socorrida sartén (tixola). Eso sí, la sartén que se utiliza para hacer filloas no se puede utilizar para nada más, eso ha dicho siempre mi abuela. El elemento común a todas las formas de elaboración es el untado del recipiente con tocino antes de cada filloa. Normalmente se ensarta el tocino en un tenedor para poder agarrarlo bien.

Hoy en día, la filloa, como tantos otros platos tradicionales, vive una época de redescubrimiento por los restaurantes y chefs actuales que la reelaboran de mil maneras, generalmente como postre.



En mi familia, hacer filloas ha sido siempre signo de algo especial, que requería mucho tiempo y era cansado, y es que un gallego no se pone a hacer una docenita de filloas. Si se hacen filloas, se hacen no menos de cien. Cada comensal comerá las que pueda y si quedan para el día siguiente aún mejor. Así se ha hecho siempre, y así las hacía mi abuela, mi madre, y últimamente también mi padre, cuyo última sesión " filloeira" os dejo en fotos, y a quién dedico este post.









Ingredientes:




  • una olla llena de agua
  • 4 huevos
  • sal
  • ir echando harina poco a poco hasta formar una masa líquida (podéis utilizar a batidora para evitar grumos)



Preparación:


Untamos una sartén caliente con un poco de tocino. Vertemos un poco de la preparación y la extendemos bien moviendo la sartén hasta que cubra todo el fondo. (Si se hacen sobre piedra o filloeira, como no se pueden mover, la masa se extiende con un utensilio especial confeccionado en madera, el "rodo", es como una espátula).

Si son para rellenar podéis hacerlas un poco más gruesas, tipo crêpe,  pero la filloa más tradicional es la finita, casi transparente y con "puntilla" (cuanto más fina es, los bordes acaban pareciendo encaje).

Una vez hecha por una cara, se le da la vuelta con las manos para que se haga por el otro lado. (Era un misterio para mí cómo mi abuela no se quemaba al cogerlas, si yo me quemaba mis dedos infantiles tratando de comerlas).

Retiramos la filloa y la colocamos sobre un paño limpio. Cuando esté templada, ya podemos ponerla sobre un plato. (La tradición también marca que la primera filloa siempre se desecha)

Iremos haciendo igualmente las siguientes, siempre teniendo cuidado de no poner la última directamente sobre el montón ya que podrían pegarse.































































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