sábado, 10 de octubre de 2015

Tiempo y fe

Intenta escribir, no importa el qué, pero escribir es importante, mantiene unidas las conexiones mente-mano e impide que se vicien. La mente piensa, la mano escribe,  no hay más en el proceso. Pero la mano debe centrarse también, no puede temblar para que lo escrito sea legible. A veces la mente se empeña en divagar, ¡ojo! porque ya sabemos que es más rápida que la mano; por eso hay que controlarla, frenarla, que no se precipite. Pausa, presente,  aquí y ahora, sólo eso.

Recuerda que pasará, siempre es así, solo debes tener paciencia, no prisa,  porque nunca es rápido, tiene su ritmo, lento pero constante. Sólo espera, espera y confía.

Y mientras tanto, el tiempo se desliza, la respiración se ralentiza, el pecho se acompasa y el abdomen se afloja. Breathe in breathe out, nothing more and nothing less.

Espera  a que la química haga su trabajo, ahí dentro, entre las neuronas, eres el catalizador si le das tiempo y tienes fe.

Tiempo y fe, es lo que hace falta, lo que necesitas. No es mucho, aunque ahora lo parezca. Cuando el valor del gráfico descienda por la pendiente, te parecerá una nimiedad, porque lo más pequeño se cree grande  en la cima. En la suave pendiente, colina abajo, el placer del descenso hace olvidar todo lo malo, consigue enterrar en el olvido el sufrimiento del ascenso.

Solo te queda bajar, todo bien, relájate. Sí, echabas de menos escribir de verdad, mano-mente, sin teclas intermedias que estorben la conexión, no es lo mismo, nada lo es.  

Tiempo y fe. Lo primero es fácil, lo segundo no. Si concentras los esfuerzos en la fe, el tiempo ya no importa. Así de sencillo ¿vale? Fe, tranquilidad. Relájate.






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