domingo, 20 de diciembre de 2015

Castañas asadas

Puede que no estén tan buenas hechas en el horno de casa como asadas a la brasa pero vistos los precios que tienen los puestos de castañas que pululan por la ciudad en estas fechas, es una opción más que recomendable (¡2 euros por 12 castañas!!!! todo un robo).

Si podéis, os recomiendo asarlas en el monte, éso sí que es una maravilla, no sólo por las castañas, sino por la excusa de reunirse y pasar un buen rato. 

A mí me encantan las castañas de todas las formas posibles, incluso crudas, pero asadas es mi manera favorita.

En muchas zonas rurales de España y sobre todo en Galicia se celebra por octubre o noviembre el "magosto", que consiste en hacer una hoguera al aire libre y en las brasas que quedan asar las castañas en un recipiente que puede ser tipo sartén o en esos de forma cilíndrica con agujeros. En algunas zonas, como en mi pueblo, se hacía colocando las castañas directamente sobre las brasas. Lamentablemente al igual que otras costumbres, ésta del magosto se está perdiendo y es una pena, ya que su origen se remonta a muy antiguo, cuando la castaña era una base de la alimentación anterior a la reina actual que es la patata.

El magosto era en realidad una celebración de la recogida del fruto, una forma de agradecimiento que incorporaba también juegos o baile y conversación alrededor de la lumbre. 

Si no tenemos ocasión de ir al monte en estas fechas, podemos preparar un sucedáneo de magosto en casa, con amigos. 

Tanto si vamos a utilizar la bandeja del horno como una sartén vieja, no olvidéis hacerles un pequeño corte a las castañas para evitar que exploten al calentarse. Las extendemos de modo que no se superpongan unas a otras y de vez en cuando las revolvemos un poco para que se asen uniformemente por todos los lados.

Tras 20-25 minutos, ya tenemos nuestras castañitas calentitas, listas para pelar y comer.

Uno de los alicientes del magosto, según mi madre, era la espera mientras se contaban las anécdotas del día, pero también el acabar con las manos tiznadas de carbón al pelar las castañas y por supuesto, las risas por el susto de alguna castaña que siempre acababa explotando en el fuego.

Se pueden comer frías pero se pelan mejor en caliente y también están más ricas. 

¡A la rica castaña!























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