martes, 22 de diciembre de 2015

Relato: Corazón de guata (III) -"El osito "Forever Friends" y Giorgio el Koala"

Lucía y Catalina se recordaban siempre siendo amigas. No sólo amigas, sino las “mejores amigas”. Sus padres vivían en el mismo edificio y ellas habían crecido prácticamente juntas, escalera arriba, escalera abajo, compartiendo juegos, colegio, amigos y algo más tarde, facultad y hasta algún que otro novio. Lucía no tenía más hermanos o hermanas,  algo que sin duda  ayudó a acrecentar aún más el lazo que la unía a Catalina, quién sí que tenía una hermana mayor pero los cinco años de diferencia entre ellas, salvo en contadas ocasiones, suponían una gran distancia.

Por eso el día que Lucía anunció que se casaba y se trasladaba a vivir a otro país fue tan duro.

-¡Australia nada menos! -¿no podías irte más lejos! – Catalina se llevó las manos a la cabeza. Tanto paseo por la playa aquel verano y al final Lucía y el surfero australiano con el que empezaron a hablar un día tonto de verano, habían hecho algo más que intimar.

Catalina llevaba ya un año casada con un compañero al que conoció en el bufete dónde trabajó al terminar la carrera, sin que ese hecho hubiera afectado al tiempo que seguían compartiendo juntas, a las charlas interminables,  a los planes de “solo chicas” una vez al mes, pero esta nueva situación sí prometía ser diferente. Estaban el teléfono y las redes sociales, claro, pero las dos temían que no fuera lo mismo.

Catalina pidió un día libre en el trabajo y se encerró en casa a llorar aprovechando que su marido hacía esa semana horas extras. No quería hablar con nadie, quería sumergirse en su pena, saborearla, saciarse de ella. Solo así podría luego continuar. Siempre había sido su manera de afrontar la tristeza.

Organizaron como no podía ser de otro modo una fiesta de despedida, en  la que no había más invitados que ellas dos, vieron una película, comieron chuches, rieron, lloraron a ratos y finalmente se despidieron con un abrazo y un regalo. Lucía le había comprado a Catalina un suave osito que llevaba una camiseta verde con la inscripción “Forever Friends” y Catalina le dio a Lucía, un enorme -¡cómo no!- koala gris también de peluche, con unos enormes ojos saltones.

-         Se llama Giorgio –dijo Catalina entre risas-. Giorgio había sido un “ligue” de Lucía en un viaje de fin de curso que hicieron a Italia, cuando aún estaban en el instituto. –Trátale bien-. Ahora reían las dos.

Esa fue la última vez que estuvieron juntas. La vida nos lleva de la mano y no tenemos más remedio que seguirla. Con un nuevo trabajo, un nuevo país, y pronto una familia, Lucía fue construyendo su futuro al igual que Catalina siguió construyendo el suyo. Estaba el teléfono sí, pero no era lo mismo y las llamadas y los mensajes cada vez eran más espaciados.

Pero no dejamos atrás tan fácilmente nuestra niñez, siempre hay un momento para el recuerdo, la sonrisa y el suspiro.

Catalina hizo una lámpara infantil con el osito “Forever Friends” para la habitación de su hija Nora. Se le ocurrió la idea viendo una revista de decoración e inmediatamente se puso a ello. Se trataba de colgar a la típica lámpara globo una cestita para simular un globo. El osito estaba en la cesta, disfrutando del inesperado viaje. Cuando le envió la foto a Lucía, ésta estaba en una cena con los compañeros de trabajo de su marido y no pudo evitar enseñársela a todos, que aplaudieron la idea entusiasmados. Como resultado, la mitad de los colegas de su marido, tenían en las habitaciones de sus hijos una lámpara similar. Catalina al parecer había creado tendencia en el extranjero. ¡Australia, nada menos!

Lucía por su parte, que no carecía de sentido del humor, vistió a Giorgio de Cocodrilo Dundee, y colocó al muñeco en el lugar más visible de la entrada. A las visitas les encantaba y Catalina reía cuando Lucía se lo contaba.

-         Este año seguro que sacamos un hueco y quedamos para vernos, Cata –decía Lucía al teléfono.


-          Claro, cogemos unos días de vacaciones y nos vamos por ahí “sólo chicas” –contestaba Catalina.








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