martes, 31 de marzo de 2015

"Un hotel en ninguna parte", Mónica Gutiérrez

Un hotel en ninguna parteUn hotel en ninguna parte by Mónica Gutiérrez
My rating: 5 of 5 stars

Deliciosa novela, ha sido un placer leerla.

Hay libros que el azar pone en tus manos y sin que esperes gran cosa, terminan siendo un descubrimiento capaz de dibujar una sonrisa en tu cara mientras lo lees.

Este hotel en ninguna parte, es un microuniverso por dónde desfilan personajes entrañables, y aunque su localización (ficticia) esté en Girona, podría perfectamente ubicarse en cualquier otro recóndito lugar, así como la historia, atemporal, podría tener lugar en cualquier época. De hecho, para mí tiene una atmósfera tan clásica, que los mismos mails utilizados para narrar la los hechos, podrían muy bien ser cartas escritas con pluma y tintero.

El libro está, como ya he anticipado, narrado en forma de mails escritos por los tres protagonistas principales a interlocutores de los que nunca conocemos sus respuestas. Tiene toques sutiles de un humor muy limpio y amable (esas posdatas de Tristam a su madre son geniales) y un romanticismo puro sin caer en sensiblerías.

¿Cómo no iba a encantarme esta historia? Tiene todo lo que me puede gustar: un enclave solitario, un bosque evocador, un jardín lleno de flores, un escritor en busca de inspiración, libros, música, un protagonista seductor, amores encontrados y dolores olvidados.

Necesitaba este libro.




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Hoy estás muy bonita

Hoy estás muy bonita
con los ojos pintados
y los labios en flor.
Hoy reluces como las estrellas,
tu sonrisa es tan limpia
como tu corazón.
Hoy hueles a fresa
y sabes a algodón.

Hoy estás muy bonita,
te brilla la cara
cuando tus pestañas
acarician mi aliento.
Hoy de verdad eres un hada,
sin varita mágica pero con mucha intención.
Hoy me abrazas y sonrío,
me besas y me río.

Tu mirada me hace cosquillas
y tus palabras son una canción,
eres tan bonita y tan linda
y yo a tu lado tu pequeña flor,
tu dulce caramelo,
tu vida…

Estás tan bonita….

y tan feliz…..






domingo, 29 de marzo de 2015

"Dos gatos y el misterio del Mercado de la Cebada", C.R. Martinez

Dos gatos y el misterio del Mercado de la CebadaDos gatos y el misterio del Mercado de la Cebada by C.R. Martínez
My rating: 3 of 5 stars

El libro narra la historia de una mujer que encuentra un día una cara similar a las de Bélmez impresa en el suelo de su pollería del Mercado de la Cebada, en Madrid.

No esperaba gran cosa de esta novela, aunque ha resultado entretenida. Cierto es que sus escasas 188 páginas y un final inesperado ayudan en gran medida.

Ideal para una tarde que no se tenga nada mejor que hacer como ha sido mi caso.


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miércoles, 25 de marzo de 2015

Spaguetti a la "puttanesca"






Mi receta para la pasta "puttanesca" sustituye las aceitunas negras (que no me gustan) por las verdes. Pero aparte de ese "pequeño detalle" creo que sigo bastante fielmente la receta original, una de mis favoritas para los spaguetti.


Ingredientes:


  • 1 lata de anchoas
  • 1 diente de ajo
  • Aceite de oliva
  • 1 guindilla seca
  • 1 o 2 tomates
  • Aceitunas
  • Alcaparras




Preparación:


En una sartén con un poco de aceite de oliva, vaciamos la lata de anchoas y rallamos el diente de ajo. Las anchoas enseguida se deshacen y queda una especie de pasta a la que añadimos las alcaparras (enteras)  y las aceitunas (picadas). Para darle un poco de "alegría" picamos finita la guindilla o cayena. Por último, rallamos el tomate y lo incorporamos a la mezcla. 


Cocemos la pasta en una cazuela aparte, escurrimos, echamos sobre la salsa y damos un par de vueltas para que se mezcle bien.


En apenas unos minutos, tenemos un plato delicioso. De hecho, la rapidez en la preparación es lo que hace que algunos sitúen los orígenes de esta receta en las prostitutas de Nápoles, que podían cocinarlo entre cliente y cliente, de ahí el nombre.







jueves, 19 de marzo de 2015

Galletas rellenas de nocilla








Ingredientes:


  • 100 gr de mantequilla en punto pomada
  • 100 gr de azúcar
  • 1 huevo
  • 250 gr de harina
  • 1 cucharadita de levadura química
  • Nocilla




Preparación:



  • Batimos muy bien con varillas el huevo con el azúcar. 
  • Añadimos la mantequilla y seguimos batiendo. 
  • Incorporamos la harina tamizada con la levadura y amasamos un poco hasta obtener una masa fina.
  • Para cada galleta, cogemos una porción pequeña de la masa y hacemos una bola entre las manos. La aplastamos y ponemos un poco de nocilla en el centro. Luego cerramos y unimos los bordes sobre el relleno y volvemos a moldear suavemente para volver a darle la forma de bola.
  • Colocamos todas las bolas rellenas sobre una bandeja engrasada o sobre papel de horno.
  • Horneamos las galletas durante unos 12-15 minutos a 180º.















































"Mr. Mercedes", Stephen King

Mr. Mercedes (Bill Hodges Trilogy, #1)Mr. Mercedes by Stephen King
My rating: 2 of 5 stars

Nunca creí que diría algo así de un libro de Stephen King pero me he aburrido un poco leyéndolo. Normalmente me encanta todo lo que sale de su cabeza; espero, compro y devoro sus libros con avidez y nunca me decepcionan, me enganchan sus tramas, las descripciones de sus personajes y su manera de escribir, tan precisa y ajustada. Es como si no pudieras parar de leer, página tras página hasta el final, sin descanso.

Pero en esta ocasión no he acabado de cogerle el punto a esta historia. Se trata de la primera incursión de King dentro del género policíaco y me había generado ciertas expectativas que no se han visto cumplidas, aunque no creo que mi desgana tenga que ver con la novedad del género. Stephen King ha abordado diferentes estilos y en todos ha demostrado su maestría (los que creen que sólo se dedica a novelas de terror, es porque en realidad no le han leído).

Su manera de contar está ahí como siempre, es sólo que la historia no me ha enganchado y el protagonista (del que parece que cabe esperar dos entregas más, los escritores y sus trilogías) tampoco.





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domingo, 15 de marzo de 2015

"Underground", Haruki Murakami

UndergroundUnderground by Haruki Murakami
My rating: 4 of 5 stars

El 20 de marzo de 1995 la secta japonesa Aum llevó a cabo un atentado en el metro de Tokio, liberando gas sarín en cinco puntos de ese laberíntico trazado. El autor japonés Murakami se convierte en un mero intermediario en este libro para hacernos llegar la voz de algunos de los protagonistas de aquél día, víctimas afectadas en la primera parte y adeptos o ex – adeptos de la secta en la segunda. El mismo cuenta al principio que no hay más elaboración en los testimonios que la necesaria para hacerlos comprensibles y coherentes desde un punto de vista narrativo.

Desconozco las causas de que esta novela haya llegado a nuestras librerías tanto tiempo después desde su publicación y por lo tanto, tan lejos en el tiempo de los hechos que narra. No es que hayan perdido actualidad algunas de las reflexiones que surgen de aquél acontecimiento (desgraciadamente) pero seguro que algunas sí que se hubieran visto algo transformadas por los años transcurridos. Me quedo con las ganas de saber si actualmente, veinte años después y con el alza de terrorismos como el islámico, la visión de algunos afectados sería diferente. O tal vez no, porque lo que queda claro con este libro y los testimonios que recoge es la fuerte endogamia y aislamiento en la que vive la sociedad japonesa. Aunque el atentado sea la excusa, con este libro se acaba desgranando la propia sociedad y forma de vida japonesa. Se convierte en un tratado sociológico de una sociedad y una cultura que nos resultan en ocasiones brutalmente ajenas.

Los primeros testimonios del libro me sorprendieron enormemente: a pesar de su condición de víctimas, a veces me parecía estar escuchando relatos de simpatizantes de la secta. La mayoría de los afectados padecen EPT (Estrés Postraumático)pero esa especie de síndrome de Estocolmo que parece imbuirles cuando hablan de los responsables no es un síntoma del mismo. En ocasiones casi justifican el atentado. Uno de los protagonistas dice: “esto es causa de la pérdida de valores de la sociedad moderna, jóvenes que tiran papeles al suelo cuando has terminado de fregar….”. También parecen estar más enfadados con los medios de comunicación que con los responsables del ataque.

Los primeros relatos también hablan de testigos que pasan por allí y ni siquiera se paran, no ya a ayudar, sino tan siquiera a mirar (esa curiosidad tan occidental) y continúan caminando como si nada. Es cierto que según se desprende de los relatos, era muy difícil saber que pasaba algo, (todos achacan sus síntomas a circunstancias personales, aún cuando ven que a su alrededor todo un vagón parece tener los mismos, ellos piensan que están resfriados, que han dormido mal, que tienen resaca, que acaban de ver a un tío tirado en el andén y eso les ha sensibilizado y por eso se sienten mal….), pero incluso cuando es más que evidente, resulta sorprendente la poca capacidad de reacción.

Pero según fui acumulando historias y capítulos, esas sensaciones (reconozco que para mí, desagradables) fueron disminuyendo. Las secuelas con las que tienen que lidiar muchos de los afectados son mucho peores y esas justificaciones ya no existen, apareciendo ya testimonios de enfado, rabia, incomprensión, o en el otro extremo, pérdida de interés (no les interesa seguir los juicios de los autores del atentado por la tele). También es cierto que con el paso de las páginas va aumentando mi conocimiento sobre la secta y su significancia en Japón por lo que ya no me resultan tan chocante alguno de los relatos. Por otro lado, también aparecen algunos testimonios de personas ayudando, gente parando coches y llevando a la gente al hospital, preocupados, prestando auxilio a los heridos, etc, con lo que también va desapareciendo mi estupor inicial.

A partir de ahí, todo lo que me ha ido llamando la atención tiene más que ver con las peculiaridades de la cultura japonesa, sobre todo con esa determinación por llegar al trabajo y reanudar la actividad a toda costa. En algún caso aún incluso después de saber lo que ha pasado por las noticias, no deciden ir al hospital hasta que no les queda más remedio, cuando los síntomas son tan graves que no les permiten continuar trabajando y aún después de estar en el hospital, muchos vuelven a trabajar al día siguiente. Uno de ellos se encuentra tan mal al salir de la estación que vomita, se marea, tiene escalofríos, debe tumbarse en el suelo en plena calle, pero no se plantea volver a casa sino continuar arrastrándose hasta la oficina e incluso se acaba uniendo a la gimnasia matutina con el resto de trabajadores.

También chocan las peculiares relaciones paterno-filiales que muestran algunas historias, y no solo las familiares, también las estrictas jerarquías laborales y comunitarias, (como también me chocan esos presidentes de empresas que acuden luego a los hospitales a visitar a sus empleados), y ese respeto tan enraizado en las relaciones, al que no es inmune el mismo escritor (lógicamente, es parte de su pueblo) que continuamente justifica su “intromisión” en la vida de las víctimas o pide disculpas por sus preguntas. Da que pensar ver lo inmunizados que estamos en occidente con ciertos comportamientos que ni siquiera nos damos cuenta de que pueden ser dañinos y lo que aquí llamaríamos periodismo (no entro a juzgar si bueno o malo) es una falta grave en un país como Japón.

El hecho de que no fueran capaces de relacionar lo que estaban viendo con un atentado es tal vez lo más asumible. Resulta sencillo ver el humo cuando hay humo, una bomba en ese sentido es mucho más “autoexplicativa” que un gas que nadie ve. Es lógico que no supieran ver la conexión entre un vagón lleno de gente tosiendo, unas personas desmayadas o incluso muertas en el andén, y unos síntomas que todos achacaban a circunstancias personales, pero aún así en algunos relatos me ha costado mucho comprender determinadas reacciones. Entiendo que no supieran que estaban siendo víctimas de un atentado, pero uno de los afectados después de ver a varias personas con convulsiones e incluso muertas en el andén piensa “cuántos epilépticos hay hoy en el metro”.

También es lógica la confusión que sigue a cualquier hecho similar, recomendaciones contradictorias, noticias más o menos confusas, la nula capacidad de reacción del metro o de las autoridades en general ante una emergencia tan desconocida… Y por supuesto, es totalmente comprensible la reacción del entorno ante la existencia de secuelas psíquicas. Ahí sí que he encontrado un auténtico universal: nadie entiende el sufrimiento de otra persona si no lo padece, y lo que a veces es peor, además de no entenderlo, lo ignora o minusvalora. Las secuelas físicas siempre son más fáciles de ver y por tanto, de aceptar, pero el dolor, el miedo, la fatiga, la falta de agudeza visual, las pérdidas de memoria, el insomnio, las pesadillas, … son síntomas invisibles. Aun con todo, la mayoría de los que las sufren agradecen el apoyo y la comprensión de su empresa y de su entorno, aunque a veces con sus mismas palabras lleguen a desmentirse. Y hay secuelas muy duras, relatos impactantes como los de la chica que está rehabilitándose de un coma o la viuda de una de las víctimas mortales o ese hombre con permanente dolor de cabeza y cansancio crónico. También es cierto que muchos de los entrevistados desprenden a pesar de todo un optimismo y unas ganas de seguir adelante, de restar importancia al sufrimiento, que me maravilla.

Aún así, me surge la duda de si los testimonios que aparecen puedan contener un sesgo, después de todo son los de las personas que han aceptado hablar con Murakami o las que han autorizado la publicación de su entrevista. Sería interesante saber la opinión del resto y el porqué se sus negativas.

La segunda parte del libro es para mi gusto menos interesante. Se centra en adeptos de la secta Aum. Creo que no aportan demasiado, las sectas son por desgracia otro universal y su comportamiento endogámico, fuertemente jerarquizado y sostenido por el carisma de un líder, lo hemos visto cien veces y se entiende perfectamente aún con las peculiaridades del matiz japonés. Nada nuevo ahí. Ceremonias de iniciación, drogas, sexo… Tal vez aquí no hubiera estado mal ver algo más de originalidad cultural japonesa.

Me parece que el trabajado realizado por Murakami en "Underground" es admirable, por su capacidad de dar voz a los implicados y de mantener o buscar la objetividad con ese respeto japonés que he mencionado antes, pero a la vez este autor acaba consiguiendo un gran libro de texto sobre la sociedad japonesa, que nos permite adentrarnos en lo más íntimo de una cultura que vive inmersa en grandes contradicciones que la hacen única. Y aunque el objetivo original fuera otro, creo que el resultado ha sido otro mucho mejor.


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domingo, 8 de marzo de 2015

Breve respiro

Por fin un respiro,
tras la peor tormenta, un poco de calma.

El violento huracán lo dejó todo revuelto,
la lluvia, el viento, el granizo.
Ayer me mataron y hoy renací, pero tan tocada
que las lágrimas brotaron.

Es un respiro, no lo es todo, pero es algo.
Una migaja del pan,
una hoja del árbol,
una gota del mar,
valen para seguir tirando.
¿Cuánto tiempo? –¿quién sabe?.
¿un día, una semana, un mes?

Breve respiro, pronto lloverá de nuevo.
Aflojar para volver a apretar.
Es tortura, pero es así
Mi vida es así, yo soy así.

Así…

Breve respiro.






sábado, 7 de marzo de 2015

Hamburguesas mini








Me encantan las versiones tapa, pintxo, peque, txiki,... de platos archiconocidos. Las mini hamburguesas en concreto me chiflan, porque una hamburguesa entera siempre se me hace demasiado grande y acaba hartándome. Sin embargo, de este modo todo son ventajas: la encuentro especialmente sabrosa, la porción de carne, al ser más pequeña, es más fácil pillarle el punto, el bocado es el justo y no olvidemos el componente estético, son de monas....

Ahora no hay problema para conseguir estos mini-panes en casi cualquier supermercado o panadería, así que no hay excusas.


Yo he preparado mi mini hamburguesa del siguiente modo:


Primero preparamos la carne. Es esencial que tengáis carne picada de calidad, mejor si la picáis vosotros en casa, así controlaréis que es un trozo sabroso. Si mezcláis ternera con cerdo, saldrá mucho más rica. Para esta versión tan pequeña, yo no suelo añadir nada más. Salpimentamos y amasamos bolas del tamaño del pan que vayáis a usar. Aplastamos un poco las bolas y las ponemos en la plancha o la sartén pincelada con aceite. Dejamos unos minutos y le damos la vuelta. Sobre el lado ya hecho, colocamos una loncha de queso que cubra la carne. Mientras se hace la parte de abajo, el queso irá fundiéndose. Hmmmm, qué rico.

Partimos el pan por la mitad y untamos las dos partes con ketchup. Sobre la parte de abajo colocamos un trozo de lechuga (previamente habremos aliñado ligeramente un poco de lechuga con sal, vinagre y aceite), una rodaja de tomate y dos o tres rodajas finitas de pepino. Ponemos la carne con el queso y como toque final, un poco de cebolla cortada en juliana muy, muy finita (también podéis aliñar la cebolla previamente).

Y ya tenemos listo este suculento bocado. No os olvidéis del palillo para que la hamburguesa no se os desmonte de camino a la mesa ¡y a disfrutar!














miércoles, 4 de marzo de 2015

¿Quién soy?

¿Quién soy? –- me pregunto incansable
día tras día, pero sobre todo, noche tras noche.
¿Quién eres? –-mirando al espejo, de frente,
¿Quién?

Me enfado, a veces lloro, a veces grito,
pero nunca me olvido.
No se nada, por eso, ¿o sí?

Se quién no soy, al menos.
No soy como tú, como ellos,
se que no os pertenezco.
Dónde se sientan ocioso,
yo noto cuchillos ardiendo
dónde viven y disfrutan
yo callo y oculto una pena.

Nada está bien, porque en nada me parezco
en todo soy diferente,
sumisa soldado en busca de un ejército.

Todo me falta, aunque  no se el qué,
tengo calor si ellos frío,
me ciega la luz que a todos encandila
vivo sola en medio de la multitud,
no amo, no me aman,
tantas personas y no quiero a nadie,
tantas historias.

¿Quién soy? –- me estremezco.
Si estoy sola, si no hay nadie más,
¿qué soy?

No soy feliz, eso seguro,
no sueño, no río, no canto ¿por qué?
¿quién soy?
¿no hay nadie como yo? 
no hay, no hay, no hay.

¿Huye! –susurra el viento
¡Corre! –en mis oídos
¡Vete! –es lo que quiero, lo que anhelo
¿A dónde? –pregunto, -¿a dónde?







martes, 3 de marzo de 2015

Rosquillas de anís







Ingredientes:

  • 2 huevos
  • 6 cuacharadas de azúcar
  • 6 cucharadas de aceite suave
  • 2 cucharadas de anís
  • 14 cucharadas de harina
  • 1 sobre de Royal
  • Aceite suave para freir las rosquillas
  • Azúcar glass




Preparación:


Cascamos los dos huevos en un bol, añadimos el azúcar, el aceite, el anís y la harina mezclada con el Royal. Mezclamos todo con las manos y seguimos amasando fuera del bol hasta tener una masa compacta con textura suave y lisa. Dejamos reposar unos minutos.











Es la hora de hacer las rosquillas. Podemos hacerlas de dos maneras:


1. Cogemos porciones de masa y las estiramos en forma de rulos para formar la rosquilla uniendo los extremos. A mí esta manera no me gusta porque la rosquilla no queda perfectamente redonda, siempre se nota un poco diferente el trozo dónde hemos unido los extremos.


2. Yo las hago de este modo: cojo porciones de masa y las moldeo entre las manos en forma de bola. Luego hago un agujero en el centro con el dedo y girando el dedo perpendicularmente a la mesa, conseguimos con la misma fuerza centrífuga que la masa vaya girando y el agujero se vaya agrandando. Así quedan perfectamente redondas y uniformes.





































Podéis hacerlas del tamaño que queráis, pero recordar que al freírlas van a crecer un poco.

Las freímos por tandas en aceite abundante y bien caliente unos minutos por cada lado. Sacamos, escurrimos en papel absorbente y las cubrimos con azúcar glass.

En poco tiempo tenemos una alternativa casera y más sana que la bollería industrial para el desayuno o la merienda.
















domingo, 1 de marzo de 2015