domingo, 3 de julio de 2016

¿En qué piensas cuándo no estás pensando?

Estoy apuntada a una página web que periódicamente me envía encuestas para que participe. No se cómo ni cuándo me apunté, pero no tengo ni la paciencia ni la habilidad necesaria para desapuntarme. Con cada encuesta realizada voy acumulando puntos con los que de vez en cuando puedo pedir algún regalo en forma de cachivache más o menos inservible para la cocina y eso de momento hace que no me moleste demasiado la puntualidad germánica con la que recibo la encuesta de la semana.

Normalmente me preguntan por mis gustos acerca de los productos más variopintos, o mi intención a la hora de contratar seguros. Estas últimas son las más difíciles, nunca recuerdo ni mis compañías de seguro ni ninguna otra (ya puestos, creo que ni recuerdo qué seguros tengo contratados). Aunque la encuesta sea anónima, me resisto a revelar mi ignorancia a algún tipo de ente virtual que se encargará de procesar mis respuestas al otro lado de la red, así que acabo invariablemente “haciendo trampa”, consultando en internet acerca de las compañías más usuales o respondiendo al azar. (Sin duda una razón de peso que explica mi escepticismo con los resultados de encuestas que veo luego en los periódicos).

Pero hace unos días recibí un cuestionario totalmente diferente. Para empezar, eran  preguntas abiertas, sí, ¡qué pereza! ( ¿cómo procesará el ente virtual las respuestas abiertas?) y para continuar el tema elegido me pareció peculiar. Básicamente preguntaban sobre los pensamientos que se tienen en esos momentos del día en los que no hacemos nada de particular, como el trayecto de ida y vuelta al trabajo , durante las comidas, cuando damos un paseo por la calle o cuando estamos en casa haciendo las tareas del hogar. Me pareció terriblemente curioso y original al principio, y aterrador después, cuando al intentar contestar, me topé con grandes dificultades, porque la verdad, nunca me  había parado a pensar sobre lo que pienso (qué gran frase).

¿En qué pienso a las 8 de la mañana cuando hago medio dormida y con el piloto automático el trayecto hasta la oficina?. Pues tuve que hacer un ejercicio de memoria, no lo tenía nada claro. ¿Será que no pienso? Eso será malo, seguro: noto al ente virtual juzgándome. No me considero tan diferente al resto de mis compañeros y compañeras curritos y curritas. ¿Será que no pensamos ninguno?.  ¿Será que no le concedo siquiera la categoría de pensamiento a las tonterías que pueden entrar y salir de mi cerebro a cualquier hora del día?.  Súbitamente me sentí culpable de no ocupar mis ratos muertos en elaborar alguna teoría del cosmos, o en desmenuzar los entresijos filosóficos de universales tales como el  qué fue primero, si el huevo o la gallina, o quién escucha los árboles que se caen en medio del bosque. Si como mucho, puede ocurrírseme un día preguntarme si no habré dejado la luz encendida del baño.

Puedo recordar alguna idea en concreto, pero no las de todos los días, y no había pistas sobre qué contestar. ¿Debía aburrir al ente virtual con el detalle pormenorizado de lo que podía haber rumiado cada uno de los días de esta semana? ¿Hacer un resumen? ¿Deducir la tendencia media  de lo que suelen ser mis pensamientos?  ¿Y si no tengo tendencia? Si  hoy soy de un padre y mañana de otro… Cuánta confusión. Señores, ¡dejen de mandarme encuestas tan difíciles!.

Me pregunto qué retorcida mente ha podido encargar la elaboración de esta encuesta y con qué propósito.  Como no se me ocurre ningún motivo y soy básicamente desconfiada, al final  no contesté, por si acaso.

Pero el caso es que tras haber recibido el cuestionario, ahora me he hecho súbitamente consciente de algo que antes pasaba por debajo de mi radar. Me he dado cuenta que en contra de lo que yo creía, no voy tan vacía de pensamientos, en realidad no puedo estar un minuto sin darle vueltas a algo en la cabeza. Ahora me fijo en las cosas en las que voy pensando, y a veces no me gustan: demasiado tiempo preocupada por mí, por los míos, por la salud, por el futuro, por la vida… Demasiado tiempo consumido en temas irresolubles, que no tienen remedio o sobre los que no tengo control, demasiado.

No se para lo que le hubieran servido al ente virtual mis respuestas, a mí me han servido para conocerme mejor.  Ahora viene la segunda parte, ¿seré capaz de cambiar la tendencia?

  • -         
  • -          no
  • -          no sabe/ no contesta








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